LogoRev


La muerte en la pareja

número 1
año 2, 2003
Sección: en la espiritualidad

María Perea Meraz


¿Qué es la muerte? ¿La física, cuando el cuerpo ya no vive o cuando muere el amor?

Hablaré sobre la primera, cuando por razones de salud, accidentales o de suicidio muere la compañera de una relación y de una vida que forjaron juntas.

Cualquiera que haya sido el motivo de la muerte, ella ya no está. ¿Por qué ahora? ¿Jamás imaginé que esto nos pasaría? ¿Qué voy a hacer? ¿Cuánto durará mi duelo? ¿Tomaré hasta embriagarme, una droga, un toque, una pasta?, ¿Qué me meto para dejar de sentir este dolor?. Nada me lo quita. La veo por todos lados, la siento por todos lados, pero no está. Sola estoy y ya no sé qué pensar.

Un derrame cerebral inesperado ha provocado su repentina muerte. Al llevarla al hospital me pidieron llenar un formato de ingreso. Había un espacio en el que me detuve a pensar y decidir rápidamente: ¿Parentesco?, anoté Pareja. Posteriormente llegó su hermana y un médico nos llamó preocupado diciendo que había un error en la hoja de ingreso. Indicó que había un error en el renglón de "parentesco". Ambas aseveramos que estaba correcto. El doctor guardó silencio y no discutió más. Ella permaneció inconsciente por una semana hasta que se fue.

En el velatorio se encontraban amigas, familiares y compañeros de trabajo de ambas. Solamente las verdaderas me acompañaron en la vela y durante el largo duelo. Los trámites del sepelio eran oficializados por la hermana. Yo no tenía absolutamente voz ni voto para cerrar trámites, simplemente era una más en la sala. Afortunadamente ella me consultaba todo. Al finalizar el más largo día y noche de  mi vida,  mi cuñada me entregó documentos así como a mi amada.

Justo cuando regresábamos de viaje. Tengo fotos de esos momentos inolvidables. Sus cosas, sus libros, su ropa. ¿Qué haré con todo? Treinta años de compartir una vida no me permiten pensar que hacer ahora. Nada me consuela. Todo el tiempo pienso en ella. No duermo, casi no tengo apetito. No logro concentrarme en nada.

Observo a la gente al partir al trabajo y veo que todos tienen prisa por llegar a sus destinos. ¿Qué llevan en la mente? ¿Qué deseos tienen? Ocupados están en sus diversos menesteres. Nuevamente me pregunto: ¿cuánto durará el duelo? No puedo ni quiero distraerme con nada. Tampoco tengo ganas de llevar al cabo mis proyectos. No hay fuerzas ni siquiera para vestirme, mucho menos maquillarme. La televisión y mi música preferida no la puedo disfrutar más porque ya no las escucho, no la siento, no la veo. No hay nada. Todo es obscuro y el ruido de la calle y de cualquier sitio es insoportable.

Quiero dormir y dormir. Despertaré cuando sienta algo. Cuando mis deseos aparezcan nuevamente. Me pregunto ¿existirá alguna píldora para reanimar? Ya la habrán inventado. Alguna que logre mitigar este gran dolor que me parte en dos. ¿Cómo le hago para poder sentirme mejor? Ya no soporto más. ¿Dónde dice que se hace en estos casos?. Hay recetas para todo, pero para el dolor creo que no se ha descubierto nada. Hasta he rezado y limpias he tratado.

Este capítulo me lo habían contado, pero jamás vivido y no es lo mismo. Me dicen que sólo el tiempo. Tiempo que avanza muy lento y sigue doliendo. ¿Hasta cuándo llegará ese tiempo que mitigue el dolor?

En el segundo caso, ¿qué pasa cuando el amor muere?, ¿o lo matan? Es exactamente lo mismo cuando la muerte física se lleva el cuerpo que tanto he amado.

regresar a Nuesta revista

versión para imprimir