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El Heterofeminismo en la Literatura:

El estallido del performance queer

número 5
año 5, 2007
Sección: en la cultura

Roberto Ortiz Manzanilla,
Universidad Autónoma de Yucatán,
Facultad de Ciencias Antropológicas.


INTRODUCCIÓN

En primera instancia es urgente asentar que si la categoría de género es socialmente impuesta no debería entonces responder a una supuesta representación binaria de las identidades de los sujetos, es por ello que como primer punto desarrollaré las ideas que pertenecen a un tipo de feminismo que reproduce el mismo esquema falogocéntrico de opresor y oprimido que al final tiene como resultado una subdivisión infinita de la sociedad.

Luego de ello nos acercaremos brevemente a las premisas acerca de la teoría queer, la cual nos permitirá adentrarnos de una singular manera al género al interior de la literatura por medio de su concepto de performance.

EL ORIGEN DEL GÉNERO

“mi novela no es sobre política –le respondí-.
Es sobre mi emancipación de ti.”
ROSARIO FERRÉ, La casa de la laguna.

Los discursos críticos feministas sobre literatura, cultura y sociedad se han ampliado enormemente durante los años ochenta, ya que las feministas que pertenecen a las corrientes dominantes están mas conscientes de las ventajas del estudio interdisciplinario, de la fuerza y la viabilidad de las modalidades empleadas por los grupos marginados dentro de sus propios contextos, y de otras formas de resistencia en los países en desarrollo1 .

Pues bien, el estudio de una disciplina en relación con los estudios de género, requiere de conceptos y definiciones que faciliten su comprensión, y a la vez le asignen validez ante el discurso político. Es por ello que una serie de estudiosas y críticas feministas desde finales de la década de 1960 fueron incrementando el interés científico por analizar las condiciones sociales, políticas, jurídicas y culturales que “sustentan aun en la actualidad las inequidades debidas al género, en la población femenina del mundo, por lo que se formaron círculos de estudio sobre las condiciones de vida de las mujeres en diversas instituciones y situaciones de vida cotidiana”2 . Estos grupos de trabajo generaron una gran cantidad de investigaciones y programas docentes sobre el tema y proliferaron principalmente en Estados Unidos y Europa.

Pero, como resultado de estos estudios, fue inminente aclarar en qué bases se sustentaban las teorías económicas y sociales para mantener un estado inequitativo de las relaciones de poder entre los sexos; al inicio fueron explicadas a partir de la teoría económica y política de Marx y Engels, de sus conceptos fundamentales sobre los modos de producción y la lucha de clases. Sin embargo fue preciso ahondar “más allá de los modos de producción y las disimilitudes de clase, etnia, color, afinidad política o religiosa ya que se encontraban desigualdades específicas según el sexo y la percepción que las personas tenían de sí mismas”3 .

Los estudios de género son un área de conocimiento original porque aun cuando la desigualdad en las relaciones sociales ya había sido estudiada por múltiples autores en las áreas de ciencias sociales y humanidades, no se habían aplicado a la condición de la mujer; referían la opresión de ella, pero su análisis no la explicaba y por lo tanto no daban elementos para su resolución. Como consecuencia, distintos grupos de mujeres interesadas en la investigación del hecho femenino, los han impulsado a escala internacional, y también en nuestro país en el ámbito institucional, como por ejemplo el “Glosario de términos de crítica literaria feminista”en el que Cecilia Olivares ha logrado reunir un conjunto de 25 términos, que sirven como fundamento a “numerosas reflexiones feministas sobre la escritura y la producción textual”4 .

Reflexión que no cesa en la mera traducción de los términos, sino que consiguió abarcar también la historia de estas categorías analíticas. De manera que el libro se ofrece  como un instrumento para el trabajo de la crítica literaria. “Lo personal, lo político y lo teórico constituyen los tres puntos centrales alrededor de los cuales gira y se construye el pensamiento feminista”5 . Los tres se enhilan y se nutren uno de otro de manera cíclica, y ello se hace patente en la revisión de conceptos, teorías y perspectivas propuestos por la diversas corrientes de la teoría feminista desde sus primeras producciones a fines de la década de los sesenta.

EL SUJETO DEL HETEROFEMINISMO EN LA LITERATURA
El sujeto del feminismo no solamente resulta ser problemático, sino a la vez, polémico, pues supone guardar en sí mismo una  representatividad ante el discurso falogocéntrico. Pero esta representatividad es conformada por una serie de características que determinarán su identidad, misma que consagra una serie de juicios de valor dentro de los cuales el género no solo acaba siendo sinónimo de mujeres, sino también de uso exclusivamente heterosexual.

Esto cada vez se hace más patente conforme las diversas disciplinas se especializan en los estudios acerca del género. en el caso particular de la literatura, la imposición de conceptos tales como “escritura femenina”, “crítica fálica”, “crítica feminista”, o “ginocrítica”, que intentar patentar la representación con la diferenciación, binaria al fin y al cabo, entre una escritura hecha por mujeres y otra hecha por hombres, es decir, fálica.
Esta postura conlleva a una serie de sinsabores que acaban padeciendo no solo las teóricas féminas que afirman tratar de estipular este tipo de conceptos, sino también esa serie de minorías periféricas (gays, lesbianas, transgénero, etc.) que se encuentran proscritas dentro de los género de los textos teóricos y literarios.

Basarse en esto conceptos da lugar a un binarismo estridente dentro de la idea de género como “categoría social impuesta sobre un cuerpo sexuado”6 . Puesto que si el espectro de un sujeto del feminismo es el de representar a una serie de características que, conforman a las identidades, esta representación excluye de manera tajante a los seres que no cumplan con estas características, que han sido y servido como formularios de ser y actuar, a partir de modelos heterosexuales, las cuales buscan hacer engranar a los sujetos dentro de una estructura pastiche de la falogocéntrica, de la sociedad que sea en cuestión.

Estructura que concentra, aun, campos de exclusión que “revelan las consecuencias coercitivas y reglamentadoras de esa construcción, aun cuando esta se haya realizado con objetivos de emancipación”7 . Por consiguiente, a los sujetos que no cumplen con esta construcción son tomados de tal manera que parecieran haberse constituido por generación espontánea, sujetos que, aunque en constante ebullición, se encuentran al margen de lo posible, en la indiferencia absoluta. Entonces tal pareciera que lo necesario en este caso será que “la representación (como tal) tendrá sentido para el feminismo solo cuando el sujeto de las mujeres no se dé por sentado en ningún sentido”8 .
                                                                                                                                                                                         
La situación se torna contrastante, pues dentro de la salida de la opresión “las feministas dan por sentado que el lesbianismo se une con el feminismo en el feminismo lésbico”9 . Pero la situación no es esa, el feminismo lésbico, nos explica Sheyla Jeffreys en su texto LA HEREJÍA LESBIANA, es diferente a lo que algunas teóricas lésbico- feministas han llamado heterofeminismo, pues este:

…parte de la base de que las lesbianas son y seguirán siendo una minoría, y que la heterosexualidad constituye por alguna razón misteriosa, la preferencia sexual mayoritaria. El feminismo lésbico transforma al heterofeminismo al  poner en entredicho que la heterosexualidad sea un hecho natural, desenmascarándola como una institución política con la que se propone acabar en pro de la libertad de las mujeres y su autodeterminación sexual.10

La estratagema claramente se va mostrando cuando el papel del sujeto del heterofeminismo se torna concluyente en su uso dentro de la literatura por medio de escritos de índole sexista, en los que claramente la identidad gay es manipulada desde un uso exclusivamente demarcador de perversión, personajes que constantemente son ignorados por no pertenecer al discuerdo heterofeminista, discurso mismo que comienza a manejar la economía literaria abrumándola y monopolizándola con concepto excluyentes.

LA SUBVERSIÓN QUEER: una teoría sin jerarquización

   Una de las consecuencias de basarse en este tipo de términos de crítica literaria es la creación de una atalaya simbólica que escinde la visión en los polos femenino y masculino a manera de oposición creando así una contextualización de espacios, personajes y atributos que parecieran tener sentido solamente desde un sedimento heterosexual.
  
Es entonces que la TQ surge como un discurso de autoproclamación al subvertir el vocablo en una afirmación de una identidad, Daniel Torres opina al respecto que “…por este medio se celebra el supuesto insulto invirtiéndolo…así también con estos análisis poéticos se intenta retomar el vocablo maricón y redefinirlo desde los parámetros de una identidad constituida”11 .
  
En palabras de Butler “la tarea consiste en formular, dentro de este marco constituido, una crítica de las categorías de identidad que crean, naturalizan e inmovilizan las estructuras… contemporáneas”12 . Todo esto perseguiría el objetivo de ampliar la perspectiva de género hacia sujetos/personajes que no insistan en un compromiso rígido con el orden heterosexual.
  
Esto tendría la tarea de distorsionar la heterosexualidad obligatoria y entenderla como una institución política que rige no solo aspectos de la realidad próxima, sino hasta de la misma escritura, entonces, teorizar es una opción para buscar la coalición de las divergencias y lograr una complejidad total en las discusiones actuales. En cuanto a esto Butler afirma que las identidades de género serían susceptibles de ser reconformadas performativamente por las mismas expresiones creadas en el uso de esos constructos sociales.
  
Entonces el concepto género es acuñado por Butler como: “cierto significado que adopta un cuerpo (ya) sexualmente diferenciado”13 . Y en el juego liminal de estos símbolos es que surge el discurso de autoproclamación que se expresará por medio del performance, que en el caso de este trabajo será entendido como performance butleriano al ser tomado de su obra.
  
1.2 EL PERFORMANCE BUTLERIANO COMO CORPOREIZACIÓN DE LOS PERSONAJES

   Entonces el uso de términos tales como mujer/femenino y hombre/masculino vendrían a formar parte de un discurso del poder utilizado en un falocentrismo exacerbante para crear a los géneros como polos distantes. Y estos a su vez resignificarán en el texto no solamente a los que parecieran ser la únicas dos partes del concepto género, sino también, todas aquellas identidades que pudiesen encontrarse parcialmente sin una clara caracterización de género binario.
   El performance butleriano en el caso de la TQ se definirá en este trabajo como “la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra”14 , definición que a fin de cuentas no se encuentra en disputa con la manejada por Prieto como esponja nómada y mutante15, puesto que lo que persigue es conformar la simbolización de los cuerpos y la reiteración puede variar en tiempo y espacio, lo que debe quedar claro es no entender al performance como algo singular y deliberado.
  
Pero la pregunta que surge al tratar con personajes literarios que no gozan de una escenificación es ¿cómo se dará cabida el performance en el terreno de las letras?, ¿qué  corporeización puede tomar la palabra?,  ¿cómo transformamos el verbo en carne?. La TQ se afianza de una serie de conceptos retomados para aplicarlos a la interpretación de textos y en ellos se encuentra principalmente la idea de forma y materia.
  
La materia entonces la entenderemos como ese efecto de la dinámica del poder sobre los cuerpos que, en ocasiones llega a convertirse en una corporeidad lingüística. En este caso la materia se vuelve un sitio de inscripción, convirtiendo a los cuerpos en un receptáculo de lo femenino o masculino, según sea el caso. Y esto último es lo que se tomará por forma.
  
La cuestión se torna contradictora cuando entendemos que lo femenino se crea a base de la ausencia de las características masculinas, entonces lo femenino pareciera carecer de forma y es aquí donde se torna sugerente conformar a los sujetos por medio de una triada que permita entender hasta esos sujetos abyectos que se nos presentan como aquellos sujetos invisibles de la vida social, expulsados por la matriz heterosexual. Estas zonas conforman el exterior abyecto del interior del sujeto a designar.

 

1.2.1 LA TRIADA DE SEXO/GÉNERO/DESEO COMO PAUTAS DE SUBVERSIÓN

   En un primer momento Gayle Rubín acuña el sistema sexo/género como una práctica que engloba ideas, normas y convenciones que destacan el estatuto de leyes naturales sobre la sexualidad y el desarrollo de comportamientos.
 
Butler retoma en su texto EL GÉNERO EN DISPUTA este sistema aunándole una tercer parte: el deseo. El orden obligatorio de esta triada surge del origen de estos elementos, el sexo es de origen biológico, el género de origen social y el deseo surge como resultado de la conformación social de cada sujeto, comprendiendo esto y aceptando al género como algo engarzado al sexo mas no determinado por el mismo, podemos utilizar la actuación del deseo como la parte que determina al sujeto social, en este caso al personaje, como resultado del hecho de que no necesariamente un sexo masculino adopte al género del mismo y viceversa.

De esta manera tendremos personajes que se amoldan con una serie de prestaciones entre estos dos polos, el masculino y el femenino, subvirtiendo no solamente el entendimiento del género como un constructo binario que escinde a los sujetos de acuerdo a su sexo, sino que subvierte la norma heterosexual, y que a fin de cuentas busca la eliminación de papeles sexuales obligatorios que normativicen cuerpos.

Es decir, pensar en el género como una recta numérica en la cual del +1 al -1 se encuentran una serie de identidades que están totalmente constituidas, esa es la tarea literaria de la TQ, revisar textos desde un sedimento homoerótico, con toda aquella caracterización que esto conlleva.

 

EN CONCLUSIÓN:

Una de las principales críticas que se le hace a la TQ es la antropomorfización de la heterosexualidad, pero si no fuera por este aspecto, el performance no podría cobrar forma y presentarse como el concepto demandante de representatividad de lo que pareciera ser una multitud y, en cierta manera el vínculo entre el feminismo y la práctica/escritura erótica del sujeto/personaje. Coartar la visión y entregarnos al imaginario colectivo, y su interpretación, como sujetos dicotómicos, escindidos y sin aparente fortaleza en nuestro propio entendimiento resulta nefasto.

Sucede igual con todo aquel alcance que no permita situar a los personajes literarios dentro de una visión que no sea la heterosexista o binaria, debido a que toda escritura es una creación con libertad performativa, más allá del hecho de no conformarse con lo que se ha denominado, normas características de sus géneros.

Estas normativización del género, y por consiguiente de la interpretación, en los polos femenino y masculino, perpetúa una estructura reglamentadora, basada en preceptos que establecen una coacción en los individuos desde un primer momento. Es urgente interpretar al respecto de los personajes, no solamente los abyectos, pues con este trabajo busco demostrar que hasta las conformaciones en los personajes que han sido tomados como “excluyentes” y “normales” contienen una falta de conformación, son totalmente mecanizados y por consiguiente, paradójicos, pues tratan de cimentar una naturalidad que obedece a una obediencia a lo culturalmente establecido.

Es importante apuntar hacia la subversión de las oposiciones y buscar la presencia de cuerpos, escrituras, personajes e interpretaciones, que aunque nos han enseñado que son abyectos, pudieran ser el origen de nuestra libertad como sujetos.

BIBLIOGRAFÍA

Butler, Judith. EL GÉNERO EN DISPUTA. El feminismo y la subversión de la identidad. México. Edit. Paidos. PUEG. UNAM, 1999, 193 p.
Butler, Judith. CUERPOS QUE IMPORTAN. Sobre los límites discursivos y materiales del “sexo”. Buenos Aires, Argentina, Edit. Paidos. 2002, 352 p.
Fe, Marina. OTRAMENTE. Lectura y escritura feminista, 1999, 1ª ed., Edit. FCE, PUEG, México, 268 p.
Jeffreys, Sheila. LA HEREJIA LESBIANA. Una perspectiva femnista de la revolución sexual lesbiana, Madrid, España, Edit. Cátedra, 1996, 331 p.
Lamas, Marta (comp.). EL GÉNERO: la construcción cultural de la diferencia sexual. México, edit. Porrúa, PUEG, 1996, 366 p.
Lamas, Marta. CUERPO: diferencia sexual y género. México, D.F., Edit. Taurus, 2002, 214 p.
Olivares, Cecilia. GLOSARIO DE TÉRMINOS DE CRITICA LITERARIA FEMINISTA, 1997, 1ª ed., Edit. El Colegio de México, PIEM, México, 108 p.
Prieto Stambaugh, Antonio. “Los estudios del performance. Una propuesta de simulacro crítico”, en: Citru.doc. Cuadernos de investigación teatral, No. 1, Nov. 2005, México, Centro Nacional de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU), CONACULTA, pp. 52-61.
Saltzman, Janeth. EQUIDAD Y GÉNERO. Una teoría integrada de estabilidad y cambio.1989, 1ª ed., Edit. Cátedra, Univ. De Valencia, Instituto de la Mujer, España, 318 p.
Torres, Daniel. VERBO Y CARNE EN TRES POETAS DE LA LÍRICA HOMOERÓTICA EN HISPANOAMÉRICA, 2005, 1ª ed., Edit. Cuarto Propio, Chile, 153 p.


1 Véase la introducción en: Fe,1999.

2 Aragón, 2002,152.

3 Saltzman, 1989,23.

4 Olivares, Op. Cit., 1997, 9.

5 Ibidem, 11.

6 Lamas, 1997, 271.

7 Butler, 1999, 37.

8 Ibidem, 38.

9 Ibidem, p: 19.

10 Jeffreys, 1996, 17.

11 Torres, 2005, 21

12 Butler, Op. Cit., 37

13 Ibid, 42

14 Butler, 2002, 18

15 Prieto, 2005.

* Cabe resaltar el uso favorable que esta teoría ha tenido en los análisis literarios, pues ha ampliado el foco de atención de la identidad binaria del género, de ahí deriva la inserción de conceptos alumbrados desde el posestructuralismo y el giro lingüístico que esta escuela ha tenido, al respecto Butler afirma “quizá constituya esto material para la gran literatura”, Butler, Op. Cit., 1996: 323. Véase también el trabajo que Daniel Torres ha hecho con respecto al vínculo de la TQ y la lectura de la literatura poscolonialista al sostener que “la TQ prevee una avenida de lectura a textos muchas veces ya consagrados de una manera hetero, pero que son susceptibles de leerse desde su posible sedimento homoerótico, Torres, Daniel, 2005.

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