
La pluma-dildo
|
(A MANERA DE ABSURDA JUSTIFICACIÓN)
¿Podríamos intentar escribir desde lo que no somos y, por medio de esto evadir nuestra propia experiencia? -si es que acaso ésta puede pertenecerle a alguien más, claro está (!)-, ¿podríamos intentar entender desde lo que –creemos que- no somos, ni sabemos, ni conocemos y que incluso ni intentamos ser? Finalmente ¿Cuál podría ser la estrategia que lleve estos objetivos a buen puerto?
Escribir es, entre otras cosas, una forma de ejercer el poder.
El poder de nombrar.
Javier SaezI
Mucho se ha hablado de la pertinencia de una escritura femenina, de tratar de poner en perspectiva “las especificidades de la mujer en la literatura” , sin embargo pareciera que no consideramos los márgenes que la crítica literaria puede tener al respecto de esta creación ya que, terminamos conformando un mundo de oposiciones binarias dónde, en apariencias, intentamos desligar al autor del texto –cosa que no siempre es mala, es decir el texto cobra vida propia al ser parido/ escrito-, y por otra seguimos fundamentando un poderío masculinista/ patriarcal/ falo(go)céntrico –según sea la elección-. ¿No será a fin de cuentas que lo que estamos vinculando tan fuertemente con la escritura del autor es su –de él/de ella- experiencia derivada del “sexo”? Entonces ¡¡¿para qué nos sirve el género?!!Ahora, puesto el problema en escena, lo importante es tratar de aclarar ese vínculo entre escritura y sexo-del-autor mediante el cual se crean preceptos tales como: las mujeres tejen/ bordan sus textos mientras que los hombres escriben con el rigor de la pluma, y demás ideas que se identifican como notas características de una literatura en pro de la aplicación de una perspectiva de género –que si bien como hemos visto, es lo último que se está tomando en cuenta-. Esto permite fijarnos en el hecho de que, incluso el “sexo” es una categoría política que se “disfraza” para ser utilizada en las Humanidades, ya que si pensamos que las mujeres, por ser mujeres, escriben de determinada manera y, los hombres por ser hombres hacen lo suyo cabría preguntarnos ¿en qué se diferencia esto de reglamentaciones tales como no chille que parece vieja o eso es cosa de mujeres?, es decir, tenemos que percatarnos hasta que punto estas nociones que se inscribieron con objetivos emancipatorios y que intentan aplicar una diferenciación han tenido la resulta de, más que “abrir” posibilidades, limitarlas al interior de una economía heteronormada. Concebir cómo estas nociones realmente están siendo represivas del texto y los límites que este puede llegar a volcar es la tarea que me ocupa.
Entonces, si nuestro cuerpo sexuado está en cierta manera irrefrenable destinado a una experiencia social que se expresará mediante cierta estructura textual, no tendría importancia seguir escribiendo al respecto, el “travestismo” como estrategia no dejaría de ser más que una limitante de resultados esclarecedores al respecto de la escritura y la interpretación de esta. Es decir, sería insustancial pues sólo me estaría auto-invistiendo de características de un “Otro”, y no se estaría subvirtiendo nada, ya que así daríamos constancia del rubro de lo hegemónico, de lo “esencial” al asumirnos como “disfrazados”.
Al contrario, si yo no escribo desde mi sexo, o los ordenamientos que se han creado en pos de este, sino desde lo que entiendo y soy capaz de desplazar, tendría que pensar en una serie de herramientas metodológicas que nos permitan combinar lo que somos y lo que intentamos visualizar. Jean Baudrillard (1991) ha escrito al respecto de “lo transexual” como una manera en que la modernidad de los tiempos, los sujetos y sus cuerpos intentan representar en sí mismos por medio del artificio, “…se trata de prótesis y, cuando como ahora el destino del cuerpo es volverse prótesis, resulta lógico que el modelo de la sexualidad sea la transexualidad” , dándonos la categoría de lo que luego Beatriz Preciado (2005) llamaría cuerpos parlantes, imbricando así una irónica forma de abordar la realidad, desplazando mecanismos que intentan hacernos coercer en pos de lo binario y “natural” para visualizar lo protésico como una particularidad creativa de lo humano.
La prótesis vendría a funcionar como esa parte netamente humana mediante la cual podemos desplazarnos, crear artificios e inclusive re-significaciones de nuestra identidad desde el cuerpo, o desde la escritura; en otras palabras, la prótesis da constancia de nosotros como humanidad al ser una característica de nuestra adaptación y capacidad de manipular nuestro entorno.i
(…la idea de utilizar una pluma-dildo para la escritura, lectura e interpretación ejerce en sí mismo un compromiso con quien ejecute la acción, como el dildo, figura ontologizada en el Manifiesto contra-sexual de Preciado, el cual sirve para quien lo utilice y a la par resulta ser un artificio, una prótesis.
Todo un goce que desplaza elementos considerados hasta el momento como “necesarios”, da constancia del carácter transferible del “sexo”, así, por medio de la pluma-dildo, se permite proliferar significaciones que nos pueden desplazar hacia otras ubicaciones. Butler habla al respecto de una catexia imaginaria como una forma de sustituir los genitales, en este caso lo comparo con ese ejercicio de la crítica literaria que intenta derivar significados de una escritura correspondiéndolos con el sexo-del-autor, así entonces la catexia nos permitiría definir ciertos parámetros de la escritura de acuerdo a una plasticidad, transferibilidad y expropiabilidad que el sexo guarda en sí y que es susceptible de ser reflejado en el texto. Retornando a ideas manejadas en el Manifiesto contra-sexual por Preciado podemos notar cómo hace una diferenciación entre el dildo y falo, asegurando que el primero es la muestra de la plasticidad de éste y que el falo, finalmente, no es más que una creación que exacerba al pene como significante –a pesar de lo dicho por Lacan-. El hecho de acceder a un dildo potencia simbólicamente la posibilidad de acceso al poder y, a la par, la transferibilidad y el carácter netamente fantasmático de lo simbólico.
Desde esta perspectiva, lograr que el sexo-del-autor deje de funcionar al interior de la crítica literaria y utilizar la pluma-dildo para declarar significados en el texto, podría validar la incoherencia y desapego con un orden heteronormado y, connotar a la vez la deconstrucción de la realidad que la creación textual guarda en sí misma. Preciado apunta en su apartado “Dildotectónica” como la generalización de la noción de dildo puede llevarnos a desnaturalizar las nociones médicas y psicológicas que normalizan los cuerpos y, liberar a estos al ser entendidos como capaces de crear sus propios y variados significantes –como en el neobarroco-. Así el dildo y su corolario la “dildotectónica” podrían crear reinterpretaciones como en el caso de la escritura, y de esta manera, funcionaria el “dildo de la metafísica de la presencia (es decir)…En último término, toda filosofía puede retrotraerse a una dildología mas o menos completa”Lo cual abre una brecha de lecturas que desplazan la identificación inmediata del crítico al respecto de la obra y el sexo-del-autor recreando así, la simbología de los cuerpos en el texto, el desbordamiento de significados –como el del placer- sería el leitmotiv que posibilitaría la apertura de características que no obedezcan a los parámetros de la sujeción heterosexista. La identidad sexual con el sexo-del-autor se vería más como una apuesta creativa que como una exacerbación de características binarias por medio de una crítica que se permita tener una prótesis al momento de desligar estos dos rubros o, de escribir libremente al respecto de estos dos rubros por medio de una pluma-dildo…)
II
Toda esta estrategia me pone a pensar al respecto de las fisuras que la escritura recibe desde la crítica, será pertinente echar un ojo a la estructura de la crítica misma, es decir, ¿desde quién y desde dónde se exhibe ésta?, ¿cuáles son las directrices de lo que se intenta desentrañar?, ¿por qué medios y con qué objetivos? Esto dejaría entrever las intenciones con que el texto será vertido.
Navegamos entre textos de placer y textos de goce dirá Barthes , entre el que proviene de la cultura sin romper con ella teniendo una propia distancia y el que subvierte diversos estatutos e instituciones pero, buscamos incesantemente situarnos en ese espacio liminal en el que “perversamente” logremos bordear la frontera y encontrar significados “subversivos” , sin embargo, ¿Qué es lo que determina en último caso que una obra se inscriba a una u otra clasificación sino el crítico/lector? ¿Este espacio que se espera encontrar no estaría creando junto consigo esa “transexualidad” de la que hablaba Baudrillard? Y esto ¿no estará determinando las identidades al interior de los textos, no estaremos hablando de esa “artificialidad” pertinente en nosotros mismos y en las figuras literarias que se presentan?
Lo que intento decir es que, si nos movemos entre herramientas que buscan identificar características binarias, el sexo-del-autor se hace determinante para esto pero, si tuviésemos la intención de ir un poco más allá de este esquema, estaríamos enfrentándonos a lecturas liberadoras no importando la procedencia de la obra. Esto conlleva un compromiso por parte de quien intenta hacer entender un texto, un esfuerzo por dejar los relativismos laxos y las identificaciones normadas de los significantes. El sexo-del-autor en este caso, se volverá una prótesis que, podría cambiar o mutar según lo que nos indique el texto por sí mismo.
Sumergirnos en un universo de significaciones del texto por el texto mismo podría brindar un canal de interpretaciones que no necesariamente concuerden con una realidad heteronormada y que den constancia del carácter deconstructivo de la realidad que tiene la creación literaria. No se trata de sortilegios, de cosas impensadas, la crítica literaria tiene que comenzar a abrir la perspectiva y buscar vasos comunicantes y liberadores con respecto a textos que no sean considerados como “consagrados” e inclusive a escrituras ya canonizadas.
ii
(…el artificio, la prótesis, lo moderno, brinda la pauta para esclarecer las fronteras –imaginarias- del cuerpo, esto nos permite entender al “sexo” como algo discursivamente creado y artesanalmente moldeado, ¡como la escritura! Ahora queda por definir a la pluma-dildo, y al dildo, como un significante de goce, y de compromiso a la vez.
La reconfiguración de una lógica heterosexual por medio del dildo sienta las bases de una operación de desplazamiento mediante la cual cortamos y pegamos en la medida de lo que necesitemos, es decir, el dildo podría jugar la suerte de otra persona al interior de una relación hetero, o al interior de una relación homoerótica masculina podría hacer las veces de un pene, y en el caso de la sexualidad lésbica podría suplantar a la mano, finalmente desempeña múltiples posibilidades unidas al goce. Sin embargo estas no serían las únicas estrategias que el dildo puede cobrar al interior de las prácticas sexuales, sino que cobra la posibilidad de originar nuevas configuraciones, tanto en quien lo porta como en quien lo recibe. Otra de ellas sería también la cuestión personal mediante la cual el dildo funciona como un aparato masturbatorio y no necesariamente penetrador, las suertes que puede jugar el dildo como prótesis depende de quién lo maneje y el uso que pretenda darle.
Ahora, pensar en la pluma-dildo como artificio juega un doble papel, da constancia de una plasticidad con respecto al sexo-del-autor que había sido silenciada por medio de discursos “objetivos” y paradójicamente naturalizadores; pero a la par, desplaza y restituye espacios no considerados dentro de una crítica derivada de ese efecto imaginario llamado, la economía fálica. Conmocionar la metonimia de la crítica literaria que tiene ciertos efectos entre los posibles lectores, incluso en etiquetas tales como “escritura femenina”, “literatura gay”, “crítica fálica”, “ginocrítica” y demás podría ser la opción para las nuevas lecturas y relecturas, en palabras de Butler al referirse al falo lesbiano asegura que los desplazamientos de éste hacen que “el significante puede repetirse en contextos y relaciones que llegan a desplazar la condición de privilegio de ese significante” .
La pluma-dildo, al igual que la figura que la origina, revela la naturalización de las tecnologías de género y sexo que hemos venido practicando tanto en la crítica literaria como en nuestra cotidianeidad, de esta manera el performance trabajado por la teoría queer ya no sólo nos remitiría al nivel discursivo sino hasta al corporal, mostrando la mecanización que hemos tenido de ciertas zonas consideradas como “erógenas” que dejan fuera de perspectiva los usos alternos que el placer y el cuerpo tienen. Vincular esto con una crítica literaria podría tener el efecto teórico y político de liberar las estructuras itinerantes de una heterosexualidad obligatoria; como las que nos impiden ver las cosas fuera de esa (re)producción de conocimientos en serie que han inscrito una idea de “normalidad” bajo un aparente discurso científico, intentando validar la idea de “inclinación natural” hasta, como hemos notado, en la crítica literaria, justificándola por medio de una subjetividad en aparente correspondencia con la genitalidad, pero si hasta esta es susceptible de ser desplazada: ¿no tendremos nosotros que desplazar nuestros entendimientos también?
Finalmente, el uso de la pluma-dildo conseguirá el efecto que se persiga, pues está francamente comprometida con la mano que lo manipula.)
Fe, Marina, Otramente. Lectura y escritura feministas, 1999, p: 7.
Baudrillard, Jean, La transparencia del mal, 1991, en: http://caosmosis.aeracia.net/7cat=5, consultado el 5 de marzo de 2007.
Butler, Judith, Cuerpos que importan, 2002, p: 101.
En palabras de Preciado: “…el dildo no es el falo y no representa el falo por que el falo, digámoslo de una vez por todas, no existe. El falo no es más que una hipóstasis del pene”. Preciado, Beatriz, Manifiesto contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual, 2005, p: 63
Preciado, Beatriz, Manifiesto contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual, 2005, p: 42.
Véase: Rodríguez Magda, Rosa María, “El género como estrategia transmoderna” en: http://www.icalquinta.cl/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=183&page=4, consultado el 3 de julio de 2008.
Barthes, Roland, El placer del texto y lección inaugural de la cátedra de semiología literaria del Collegé de France, 1993.
Lo cual me hace recordar lo que Foucault esboza al respecto de esto en su Historia de la sexualidad. La voluntad de saber: “nosotros no hablamos del sexo sin posar un poco: consciencia de desafiar el orden establecido, tono de voz que muestra que uno se sabe subversivo, ardor en conjurar el presente y en llamar a un futuro cuya hora uno piensa que contribuye a apresurar” (Foucault, 2007: 13).
Beatriz Preciado asegura que el comentado “falo lesbiano” al cual se refiere Butler no es más que el dildo en sí, tomando esto en consideración podemos tratar de aunar ambas estructuras teóricas de las autoras. Preciado, 2005, p: 61, 62 y 63.
Butler, Op. Cit., 2002, p: 141.