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Por la visibilidad lésbica, contra de la Discriminación y la Lesbofobia

Un análisis a las publicaciones lésbico-gay

 

número 6
año 6, 2009
Sección: en la cultura

María Isabel Barranco Lagunas


México, cuenta actualmente con una población de alrededor de 106.7 millones de habitantes, de los cuales el 50.8% son mujeres y 49.2% son hombres, según el último informe proporcionado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI. En tanto, el Consejo Nacional de Población, reconoció que del total de la población femenina, cerca del 46% han sufrido algún tipo de violencia, ya sea sexual, física, emocional o económica. Se supone además, que de esta población femenina, el 8% son mujeres lesbianas y bisexuales, de acuerdo con la encuesta practicada entre mujeres habitantes de la Ciudad de México, por Departamento de Salud de la UAM-Xochimilco. Y, si tomamos en cuenta las cifras anteriores, tendríamos –a la sazón- un aproximado de 962 mujeres declaradas y asumidas como lesbianas, quienes – suponemos- tampoco han escapado de ser víctimas de discriminación y violencia.

Dentro del marco de la II Semana Lésbica sobre Discriminación y Lesbofobia de la Universidad Nacional Autónoma de México, realizada durante la semana del 25 al 29 de mayo, en los diferentes campus de la UNAM, se dijo, que la mayor exclusión hacia el género femenino, es la lesbofobia.

En su ponencia Feminismo y Lesbofobia, Angela Alfarache, insistió en que no hay que reducir la exclusión de género con la homofobia, sino incluir la Lesbofobia, ya que esta tiene diferentes matices, marcas y diferencias;  “si partimos del hecho de que nuestra sociedad patriarcal y por tanto sexista, machista y misógina, funciona sobre la base de que  lo masculino es  el paradigma de la humanidad, es entonces que se “desfeminiza” a las lesbianas discriminándolas y violentándolas, ya que atentan contra un orden binario establecido, entre ser hombre-masculino y mujer-femenina, y donde la presencia de la lesbiana aparece como la otra, la rara, la excluida, la que atenta contra ese orden establecido”.

En el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras, además de la participación de Angela Alfarache y la que esto suscribe, insistió  en que las lesbianas, sobre todo aquellas organizadas en grupos editoriales como las  revistas Las Amantes de la Luna, LesVoz y Nota’nQueer, empiezan a hacerse visibles en la aldea globalizada como sujeto disidente, implementando estrategias de resistencia y lucha para manifestar y denunciar el dominio heterocentrista; “el cual, no sólo ignora sino que desconoce la existencia de la identidad lésbica, al extremo de discriminar, marginar, reprimir y/o pretender excluir a las lesbianas socialmente por optar libremente por otra identidad sexo—genérica”.

Otro de los hallazgos expuestos y contenidos en la tesis doctoral, Análisis Pragmático discursivo en las revistas lésbico-feministas Las Amantes de la Luna, LesVoz y Nota’nQueer, y de acuerdo con las fuentes ahí citadas, por ejemplo, Departamento de Salud de la UAM-Xochimilco, reveló que de cada 10 agresores en contra de lesbianas y homosexuales, 4 son compañeros de escuela, 2 son vecinos y 3 son parientes cercanos (padres, madres, hermanos y tíos). De las lesbianas y homosexuales entrevistad@s para la citada investigación, el 70 % sintió que su preferencia sexual hería y/o avergonzaba a su familia y amigos, el 68 % tiene que fingir ser heterosexual para ser aceptado, el 29% se alejó de su familia por su preferencia sexual.  En cuanto a las situaciones de discriminación y violencia contra las lesbianas, se presentan otros matices.

En Latinoamérica, incluyendo al Caribe, particularmente en Cuba y México, la situación en cuanto a la represión contra la autonomía sexual de las mujeres no puede separarse de las condiciones materiales de sus vidas. Amnistía Internacional, en su último informe publicado en junio de 2004, dio conocer que la violencia y el acoso son dirigidos a menudo contra las mujeres lesbianas a causa de su preferencia sexual, particularmente en términos de sus atributos físicos —por ejemplo, verse "demasiado masculinas"— o reclamos afirmativos de identidad lésbica, pues desafían las reglas de género o el dominio masculino en sus sociedades.

La discriminación y el miedo a la violencia basada en los atributos de la conducta sexual, la identidad y la orientación sexual, son factores que afectan todos los aspectos de la vida de las lesbianas, que en consecuencia repercuten y provocan obstáculos en su participación laboral y política. Por ejemplo, en la mayor parte de las sociedades latinoamericanas se utiliza el ataque usando la acusación de "lesbianismo" como una estrategia para silenciar la participación de las mujeres en la comunidad y en la vida pública. Tales ataques están conectados comúnmente con amenazas físicas, acoso moral, golpes y violaciones sexuales contra mujeres identificadas como lesbianas y sus respectivos peyorativos “tortillera”, “manflora”, “marimacha”, “compadre”, etcétera.

Con respecto a la impunidad y los reclamos de las lesbianas por sus derechos humanos, a menudo son poco considerados por las autoridades. Una idea afín es que las lesbianas pueden ser menos propensas que las mujeres heterosexuales a defender sus derechos de protección y justicia contra la violencia, el acoso y la discriminación, porque sienten que sus reclamos no serán tomados en serio por las autoridades por su preferencia sexual, ya que no gozan del estatus jurídico de una mujer casada y con hijos.
Dichos factores sociales y de identidad que enfrentan las lesbianas respecto a las violaciones de sus derechos sexuales y reproductivos —así como su dificultad de buscar justicia, protección y reparación del daño— está conectada integralmente no sólo con el hecho de que son mujeres, sino además por razones de raza, etnia, origen nacional, cultura y clase social.

Acerca de las relaciones familiares, las lesbianas, como otras mujeres, han vivido directamente violaciones en la llamada vida privada, siendo golpeadas, violadas, atacadas, agredidas, ignoradas, rechazadas, maltratadas y abandonadas de varias formas por sus parientes; para castigarlas, quebrar su espíritu y dejar claro que sus mentes, cuerpos y almas no son libres, que le pertenecen a ellos, a los otros, es decir a sus padres, hermanos, hijos, sobrinos, etc., incluyendo a los ancianos y los enfermos de la familia. Al mismo tiempo que,  muchas lesbianas no asumidas, resisten los arreglos matrimoniales para aparentar, condescender o convenir a los intereses de la familia. Asimismo las lesbianas enfrentan por su fuera poco, embarazos forzados, tratamientos médicos o sanaciones para su rehabilitación, para llegar a ser “mujeres normales”, y en otros casos, sufrir reclutamiento psiquiátrico, aislamiento, segregación y abandono familiar. Estos tipos de represión y discriminación se recrudecen más en ambientes rurales, en familias de escasos recursos económicos y educativos, donde las lesbianas campesinas e indígenas carecen de servicios de orientación e información, de grupos de autoayuda así como espacios de reunión y recreación.

Otro factor social y cultural que incide y fomenta la violencia en las relaciones lésbicas es la lesbofobia internalizada que se manifiesta por las mismas mujeres, y se matiza con dos aspectos: por un lado las creencias; es decir todas aquellas ideas de que la mujer lesbiana posee y oye sobre la homosexualidad y el lesbianismo como una patología, (enfermedad), como una desviación, como un pecado, como una conducta antinatural, como una aberración o como una nacionalidad u origen étnico, o como falsa ideología. Por ejemplo, algunas mujeres que dicen no ser lesbianas por no haber nacido en la Isla de Lesbos (pero dicen a amar a otras mujeres, para evitar el calificativo de lesbiana), o porque no son militantes feministas, o porque no asumen o se aceptan que se relacionan sexo-afectivamente con otras mujeres y viven su sexualidad en la clandestinidad; viviendo  una doble moral, como casarse (matrimonios por acuerdo) o teniendo hijos, así como vivir en un eterno conflicto y confusión, por el uso de un doble discurso, mediante la negación de la existencia física, emocional y sentimental de su pareja mujer. Estrategias muy socorridas por las lesbianas no asumidas, dentro de sus relaciones familiares, laborales, académicas, sindicales, etcétera.

 Un caso más, es la lesbiana que se asume como gay, esto es la mujer que no tiene conciencia de sus diferentes diferencias y que asume roles y/o estereotipos que  privilegian lo masculino; la virilidad, la seducción, la poligamia, el individualismo y el consumismo.       

Otro aspecto, son las actitudes que hacen referencia a reacciones emocionales depositadas generalmente en el inconsciente que valorizan a las cosas, a las situaciones y en particular a las personas de acuerdo con la idea y el impacto que tienen de ellas, o sea si son buenas o malas, si son feas o bonitas, si son dóciles o rebeldes, si son femeninas o masculinas, si son pasivas o activas sexualmente, si son monógamas o infieles, polígamas o perversas, en fin, la reproducción de un modelo heterosexista manifiesto con actitudes reaccionarias que refuerzan las relaciones de poder y estereotipos que generan, sostienen y mantienen la subordinación y opresión  de las mujeres dentro del sistema patriarcal.

Para el feminismo lésbico, estas creencias y actitudes son aprendidas al vivir en una sociedad patriarcal que no ofrece otros modelos, formas, alternativas o estilos de vida, más que los esterotipados; los resultados concretos en las vidas de las lesbianas con lesbofobia interiorizada son el miedo, el aislamiento, el dolor, la angustia, la falta de socialización, en pocas palabras, la baja autoestima que las lleva a vivir y permanecer encerradas en el armario, cuando se carece de conciencia, sobe su condición de género y preferencia sexual.

En consecuencia, las editoras de Las Amantes de la Luna y  LesVoz, particularmentese apoyan en la idea del Lesbofeminismo como herramienta ideológica- discursiva,  para persuadir y convencer a la sociedad de que las lesbianas poseemos una identidad propia como grupo social, que mediante un discurso de resistencia, se denuncia la desigualdad y discriminación social de la que somos objeto por manifestar una preferencia sexual diferente a la determinada por el sistema  patriarcal, heterosexista, y sus  mencionados mecanismos de control: represión de la sexualidad femenina, maternidad obligatoria,  heterosexualidad compulsiva y la división sexual del trabajo.

En tanto que las editoras de Nota´nQueer, reconocen y asumen la influencia del pensamiento de los Estudios Queer, cuyo objetivo es abrir un espacio de expresión a los nuevos estilos de vida de la población lésbica y LGBTT, sin ninguna pretensión de incitar a sus lector@s a una revolución sexual lésbica, por el contrario, se suman a las propuestas y estrategias jurídicas y legislativas encaminadas a reconocer, a hacer respetar, a proteger y defender  plenamente el libre ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de las lesbianas y los homosexuales en México, según su directora María Perea, desde una postura abierta a la diversidad sexual. Esto es, mediante el establecimiento de vínculos con la sociedad mexicana a través de la elaboración y puesta en marcha de proyectos sociales, productivos, culturales, educativos y turísticos para la población homosexual.

Con todo, por sus características, sus objetivos, sus contradicciones y por sus diferentes diferencias1 , Las Amantes de la Luna, LesVoz y Nota´nQueer, aportan a la sociedad, específicamente a la comunidad de lesbianas, la posibilidad de sensibilizarlas, concientizarlas  e incentivarlas a que tomen acciones al asumir un cambio de actitud, en razón de su autoaceptación como un sujeto político, cuya identidad cobra  sentido colectivo a través de sus prácticas sociales que han venido modificando, incluso instaurando, nuevos tipos de relaciones sociales, cuyas repercusiones empiezan a impactar a la sociedad.

Si bien, Las Amantes de la Luna, LesVoz y Nota´nQueer, no tienen un tiraje extenso, pero sí, un sector vasto de lector@s, han logrado hacer visibles a nuevos sujetos sociales, en particular al sujeto lesbiana, cuyos enunciados, entendidos como prácticas sociales, han opuesto resistencia a través de sus mensajes, al evidenciar las relaciones de poder estructuradas por la ideología de la heterosexualidad normativa.

Tal, vez por esa razón las lesbianas organizadas en grupo editoriales, utilizan sus revistas, como respuesta contracultural a dicha ideología, para innovar y construir nuevos modelos culturales y sociales, incluso políticos, que van desde hacer visible la sexualidad lésbica, como hasta el compartir vida íntima entre personas del mismo sexo. Relaciones sociales, como las sociedades de convivencia, modificando con ellas el orden social impuesto mediante el matrimonio civil y religioso. La creación de redes de apoyo frente a los conflictos que representa la opresión masculina como el maltrato y violencia. Nuevas definiciones de identidad socio-política como las madres lesbianas. Cambios en el comportamiento en la reproducción social, con la inseminación asistida, adopción, crianza y cuidado de l@s hij@s. Nuevos modelos de relaciones afectivas y de socialización intrafamiliares.

Resignificación y apropiación del lenguaje donde la palabra y el sujeto lesbiana, son un acto de conciencia para crear significaciones alternativas de las representaciones sociales y nuevas definiciones de identidad política.

1 Diferentes diferencias, categoría analítica aportada por Nancy Fraser al campo de la Crítica Feminista al Multiculturalismo Occidental, caracterizado  por sus sesgos universalizantes, deterministas de tipo anglosajón, masculino y heterosexual, y donde la existencia de diferentes feminismos podrían vincular una política cultural de la identidad y la diferencia con una política social de la justicia y la igualdad, relacionada con las luchas por el reconocimiento y las luchas por la redistribución.

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